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Biblioteca 2.0. Nuevas tecnologías y bibliotecas. El blog bibliotecario de Diana Rodríguez

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Vamos a hablar de bibliotecas populares (Alejandro Oscar Micalucci)

Días pasados, invité a varios colegas a colaborar con el blog en notas o entrevistas y una de las perlitas que obtuve fue este escrito de Alejandro Micalucci: Vamos a hablar de Bibiotecas Populares.
Lo disfrutamos?

Vamos a hablar de Bibliotecas Populares. (Colaboración de un colega argentino)

Antes que nada vamos a definir que es una biblioteca popular y que la diferencia de otros tipos de bibliotecas.

Según la CoNaBiP, Comisión Nacional Protectora (?) de Bibliotecas Populares, una Biblioteca Popular es “una asociación civil autónoma, creada por la vocación solidaria de un grupo de vecinos de una localidad o barrio -dirigida y sostenida básicamente por sus socios- con el fin de brindar información, educación, recreación y animación socio-cultural mediante una colección bibliográfica y multimedial de carácter general y abierta a todo público.
Se trata de una institución educativo-cultural básica que en forma amplia, libre y pluralista ofrece servicios y espacios para la consulta, la expresión, el desarrollo de actividades culturales, de extensión bibliotecaria y de extensión de la lectura.”
[1]
Hermoso, ¿no?
La realidad de las Bibliotecas Populares es variada, como variadas son las circunstancias que le dan origen. Si bien en la génesis de cada Biblioteca está la necesidad de satisfacer demandas de información de la comunidad en la que se concibe, los derroteros y peripecias para su conformación son distintos en cada caso.
Así una Biblioteca nacida en el seno de una Sociedad de Fomento de larga trayectoria en la comunidad probablemente conseguirá su reconocimiento en forma más rápida que aquella que surja de una Asociación joven, o que nazca en algún momento histórico especial (crisis económicas, desastres naturales, etc.)
Porque el punto fundamental a tener en cuenta es el carácter social y solidario de la Biblioteca Popular. El alma de la misma no es el mero acopio de libros o información en diferentes soportes, sino la atención de necesidades de educación no formal que debe acompañar al desarrollo cultural de la comunidad a la que sirve y de la que forma parte.
Porque, para ser francos, debemos confesar que en la realidad esta “institución educativo-cultural pluralista y libre” solo sirve a una minoría de la comunidad en la que está inserta, bien por desconocimiento de los usuarios, bien por el desapego de las autoridades que las dirigen (léase Comisión Directiva) o bien por la mala atención de los profesionales o personal a cargo.
Ahora bien, con este panorama tan complejo y variopinto es fundamental la organización. Pero una organización no sólo técnica o de recursos, sino una organización que contemple el complejo sistema que es una Biblioteca. Las bibliotecas, al decir de algunos colegas, se organizan con técnicas pero se dirigen con políticas.
[2]Una política bibliotecaria es la columna vertebral que establece el verdadero sentido de la dirección de la Biblioteca, las ideas-guía que establecerán las pautas de funcionamiento y desarrollo. Es el quienes somos y para que estamos que permite tomar decisiones de carácter técnico-administrativo, manejo de personal, desarrollo de colecciones, asociación, etc.
Pero lamentablemente no vemos en todas nuestras queridas bibliotecas populares y en sus dirigentes la capacidad de responder con aciertos en este sentido. Las bibliotecas de larga data, las tradicionales, se han quedado en el tiempo, con formas arcaicas de gestión (en algunos casos sin gestión) y con espanto hacia los nuevos paradigmas. La tecnología, los nuevos modelos de gestión, la relación biblioteca-comunidad, la promoción de la lectura y otros tantas novedades en el campo de la bibliotecología no tienen cabida en ellas, o si la tienen es con recelos o desconfianza (“si así estamos bien, ¿para qué cambiar?”) Ni que decir del personal crónico de dichas instituciones: he llegado a escuchar “Hace 25 años que se hace así, ¿para qué lo quiere hacer diferente?” Sin darse cuenta que la realidad de hace 25 años era completamente diferente de la realidad que hoy se vive. Los usuarios de hoy no son los usuarios de hace 25 años… y ni siquiera son los usuarios de los próximos 5 años, es decir: no tenemos que esperar otro 25 años para cambiar pautas de atención o políticas de funcionamiento… la aceleración a la que estamos sometidos desde el exterior (algo que merece también un debate adulto) hace que la capacitación sea permanente y que los dirigentes y personal de las Bibliotecas deben enfrentar el desafío del cambio.Pero por suerte hay bibliotecas que todavía no se han contaminado y que tienen el empuje y las ganas de la juventud, no ya porque sus dirigentes sean jóvenes sino porque el espíritu que las anima es joven. Bibliotecas que luchan día a día para mejorar la atención al usuario, que buscan perfeccionarse, que ven al usuario como un amigo.
Esas Bibliotecas tienen en claro la noble misión de las mismas: brindarles a todas las personas -sin distinción alguna de edad, gustos, ideas e intereses- mayores oportunidades de estudio, de información y estimular a las personas al ejercicio de la lectura útil y placentera, ayudarlas y animarlas a conocer, emocionarse y crecer. y acompañarlas, para que se conviertan en personas creativas, críticas, participativas, capaces de tomar decisiones y de ser cada vez más libres y más humanas en el más profundo sentido de estas palabras.
[3]
En estas bibliotecas abiertas al cambio y conscientes de su misión está implícito el factor fundamental de la Biblioteca Popular: su carácter social, su función como engranaje fundamental de la educación y la cultura de la comunidad donde esta inserta y la que le dio origen. Las otras parecen descastadas, extranjeras en un medio que consideran hostil, parecen la vieja señora Sabina del cuento de Mújica Láinez que se encierra en su salón dorado para no ver la realidad que la rodea. [4] Bibliotecas centenarias que olvidaron como nacieron, quienes las forjaron o para que están en pie. Preocupadas en mantener un estatus que no les agrega mérito, y ni siquiera les proporciona un rédito económico.
Porque si algo debemos considerar es que, según la Ley 419, la Ley Sarmiento de 1870, “todas las bibliotecas populares son iguales.”Es que la socialización del libro, de la información, del uso de la información va más allá del simple y cotidiano hecho de “prestar” el material en la biblioteca. Es la palanca que puede mover el mundo, es el fíat de la superación individual, del progreso grupal y de la superación comunitaria. Es, en definitiva, un hecho social que enaltece a quienes participan de él.
Alejandro Oscar Micalucci
Bibliotecario
[1] Comisión Nacional Protectora de Bibliotecas Populares (CONABIP) [en línea]. – Buenos Aires : CONABIP. – < http://www.conabip.gov.ar/ > [consulta: 29 de marzo de 2007]
[2] Biblioteca Constancio C. Vigil. Frutos, Raúl Alberto. Charla sobre Bibliotecas Populares [en línea]. – Rosario : Biblioteca Constancio C. Vigil, 2004.
http://www.bibliotecavigil.com.ar/documentos/biblio_populares.html > [Consulta: 23 de marzo de 2007]
3] Biblioteca Nacional. Dobra, Ana. El bibliotecario de la biblioteca popular : la misma misión y nuevos retos [en línea]. – Buenos Aires : BN, 2000.
<
http://www.bibnal.edu.ar/paginas/recursosbiblio/bibliotecario.htm > [consulta: 23 de marzo de 2007]
[4] Mújica Láinez, Manuel. El salón dorado. – En: De la misteriosa Buenos Aires. – Buenos Aires : Sudamericana, 1998.

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1 comentarios:

Mari Luz (Valladolid) dijo...

Creer o reventar!
Bibliotecarios guapos, no sé si existen! Pero que los hay, los hay.
Y en Argentina al menos, los hay guapíiiiiiiiiiisimos.
Mari Luz

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